sábado, 25 de dezembro de 2010

La alegoría y el relato histórico en la prosa paraguaya contemporánea: "General, General", de Lincoln Silva

Uma das matérias mais interessantes que fiz no intercâmbio foi o Seminario de Lecturas de Literaturas Latinoamericanas. Sendo optativa, essa disciplina podia receber alunos de outras carreiras, alunos de diferentes períodos do professorado em Língua e Literatura e, de quebra, enfocar autores e literaturas que normalmente não formam parte do programa de estudos destes alunos como, por exemplo, a literatura brasileira, fato que já foi comentado aqui no blog. Embora eu conheça razoavelmente a literatura brasileira, as outras unidades trabalhadas foram instâncias de descobrimento para mim. A seguir coloco uma resenha que escrevi (em castelhano) sobre uma obra de literatura paraguaia: General, General, de Lincoln Silva (foto).

           Uno de los rasgos principales de la literatura paraguaya es el hecho de volcarse sobre los acontecimientos históricos del país y General General no es una excepción a esa regla. Lo que sí distingue esta novela es la técnica de composición utilizada por el autor, que busca ocultar tras una escritura alegórica una contundente crítica al gobierno dictatorial del general Stroessner. Cabe aclarar que esa novela se la publicó por primera vez en 1975 y que Paraguay vivió bajo una dictadura entre los años de 1955 y 1989.
La disimulación de la crítica es lograda a través del uso del elemento mítico, el cual configura una alegoría y, a través de ella, no sólo sostiene la narración sino también cuenta la Historia de Paraguay desde una perspectiva crítica.

Al contrario de lo que se puede suponer, el título no se refiere a ningún integrante del gobierno paraguayo. La obra pone el lector frente a una realidad poco convencional, en la cual el título de General General es dado a un hombre – Benedicto Sanabria – que vivió muchos años entre indígenas y después se dedicó a escribir un libro de memorias. En apariencia, alguien que llevó una vida bastante sencilla.
Sin embargo, al avanzar en la lectura, uno se da cuenta de que el protagonista es un hombre diferente. Desde las primeras páginas, el narrador presenta Benedicto Sanabria, como poseedor de  capacidades que están más allá de las capacidades de los hombres comunes. Él adquiere el título de General General porque después de morir se convirtió en árbol y de árbol volvió a convertirse en ser humano, hecho de por sí bastante exótico. Demás estar decir que transformaciones de esta naturaleza constituyen un claro ejemplo de lo que nombramos elemento mítico. Igualmente nos parece importante destacar que la ubicación del personaje en un agrupamiento indígena favorece la credibilidad de este tipo de argumento.
Sanabria también se destaca por su proyecto mesiánico: alertando a todos sobre la proximidad de un nuevo diluvio, él empieza a construir un Arca para salvar a aquellas personas que decidan arrepentirse de sus pecados. Hace esta profecía basado en un libro místico que conserva en su poder, el Tratado de Koprocas. Dicho libro es una suma de libros canónicos de diversas religiones y también abarca los escritos de Marx y Engels.
La actitud del General General, que lo aproxima del patriarca bíblico Noé, también constituye, a nuestro entender, un elemento alegórico: en realidad, la intención de “salvar los países” es la justificación que encuentran los dictadores para tomar el poder. En este caso ella comparece en la trama traslada a otro contexto, pero mantiene su valoración simbólica.
De la misma manera, es bajo una advocación mesiánica que el gobierno paraguayo trata de impedir la divulgación del mensaje salvador de Sanabria que, en definitiva, es un mensaje liberador. El protagonista es, entonces, calumniado y las autoridades lo acusan de poseer “los vicios más caros en Sudamérica: el homosexualismo, las drogas y la izquierda”.
Seguramente la referencia a la izquierda en el listado de vicios del personaje no es infundada. En verdad, ella viene a hacer el puente entre la alegoría y el relato histórico más verdadero y riguroso. Como se ha dicho, la excusa de los dictadores para tomar el poder es la intención de salvar los países y la amenaza que debe ser extirpada en el proceso de salvación es justamente el pensamiento izquierdista. Nuevamente es pertinente poner de relieve el contexto histórico en el cual fue escrita la novela: en los años 1970 el mundo estaba dividido en dos grandes grupos de países: el capitalista, liderado por los Estados Unidos y el socialista – identificado con la izquierda –, comandado por la Unión Soviética.
También las afirmaciones de Benedicto Sanabria sobre los derechos humanos en Paraguay no puede ser leída como una burla, pues sabemos que, de hecho, en Latinoamérica, durante la vigencia de las dictaduras, los países contaban con tantos encarcelados políticos que veían su futuro “en la presocracia; es decir, en el gobierno de los presos”.
Por último, cabe destacar el momento clave de la novela, en el cual la alegoría y el relato histórico se mezclan y alcanzan su máximo potencial de denuncia: la escena de la prisión de Benedicto Sanabria. Si bien el carácter hiperbólico de la descripción nos remite a la característica alegórica que, como se ha advertido, sostiene el relato; también es cierto que los detalles de cómo apresaron al personaje y después lo torturaron atestiguan el carácter violento de la dictadura de Stroessner en el Paraguay.

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